PUBLICIDAD

977107750

Señal Desde Jaén, Perú

El Voto entre el Miedo y la Razón

✍🏽 ​Por: José Luis Gonzales Maiqui.

​La tercera y última jornada del debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) no fue solo un cierre de ciclo; fue una radiografía de las obsesiones y carencias de nuestra clase política frente al 2026. Tras tres días de intensa exposición, la sensación que queda en el electorado es la de una «subasta de severidad» que, aunque conecta con el hartazgo social, deja peligrosos vacíos en la hoja de ruta técnica.

​El bloque de seguridad ciudadana se convirtió en un escenario de ofertas punitivas. Desde las megacárceles altoandinas de Keiko Fujimori hasta la militarización de fronteras de Roberto Chiabra, los candidatos parecen haber detectado que el miedo es el principal movilizador del voto actual. Sin embargo, surge una interrogante incómoda: ¿es sostenible un modelo basado solo en cemento y fusiles sin una reforma profunda de la inteligencia policial?

​Mientras propuestas como las de Jorge Nieto o Mesías Guevara intentaron poner el foco en la unificación del mando y la digitalización del crimen, sus voces parecieron perderse frente al estruendo de las promesas de corto plazo. La seguridad no se recupera solo con muros; se recupera con una fiscalía que no sea una «puerta giratoria» y con una policía que deje de ser reactiva para ser estratégica.

​Corrupción: El cinismo como estrategia

​El bloque de integridad pública fue, previsiblemente, el más accidentado. Ver a figuras con investigaciones fiscales abiertas sermonear sobre la «muerte civil» para corruptos roza el cinismo político, pero también refleja la resiliencia de nuestro sistema de partidos.

​Lo rescatable, más allá de los ataques, fue el consenso sobre el control concurrente obligatorio. Si la Contraloría logra intervenir en el 100% de las obras desde su licitación —como se planteó en el debate—, estaríamos finalmente atacando la raíz del problema y no solo detectando el robo cuando el dinero ya voló. El reto, por supuesto, es presupuestal: ¿quién paga el ejército de auditores necesarios para tal tarea?

​A pesar del despliegue del JNE, el gran ganador de estas jornadas sigue siendo el indeciso, que hoy supera el 30%. Con una fragmentación política sin precedentes, el debate ha servido más para descartar rostros que para consolidar liderazgos. La ciudadanía ya no busca al «salvador» con promesas infinitas, sino a alguien que demuestre coherencia mínima entre su discurso y su historial.

​El cierre de esta primera fase nos deja una advertencia: el Perú del 2026 está harto de la retórica vacía. La pregunta para el elector en las próximas semanas no debe ser «¿qué prometen?», sino «¿con qué equipo y con qué dinero piensan hacerlo?». Sin respuestas claras a la «letra chica», las promesas de anoche seguirán siendo castillos de arena en el desierto electoral.

COMPARTIR ESTA NOTICIA